Biblia en Un Año

 

La Lectura de Hoy

4 de mayo de 2026
Jueces 19:1-20:48, Juan 3:22-4:3, Salmo 104:24-35, Proverbios 14:22-23

Antiguo Testamento

Jueces 19:1-20:48
Jueces 19
El levita y su concubina
1En la época en que no había rey en Israel, un levita que vivía en una zona remota de la región montañosa de Efraín tomó como concubina a una mujer de Belén de Judá.
2Pero ella le fue infiel, lo dejó y regresó a la casa de su padre, en Belén de Judá. Había estado allí cuatro meses
3cuando su esposo fue a verla para convencerla de que regresara. Con él llevó a un criado suyo y dos asnos. Ella lo hizo pasar a la casa de su propio padre, quien se alegró mucho de verlo.
4Su suegro, padre de la muchacha, lo convenció de que se quedara y él se quedó tres días comiendo, bebiendo y durmiendo allí.
5Al cuarto día madrugaron y él se dispuso a salir, pero el padre de la muchacha le dijo a su yerno: «Repón tus fuerzas con algo de comida, luego podrás irte».
6Así que se sentaron a comer y a beber los dos juntos. Después el padre de la muchacha le pidió: «Por favor, quédate esta noche para pasarla bien».
7Cuando el levita se levantó para irse, su suegro insistió de tal manera que se vio obligado a quedarse allí esa noche.
8Al quinto día madrugó para irse, pero el padre de la muchacha le dijo: «Repón tus fuerzas. ¡Espera hasta la tarde!». Así que los dos comieron juntos.
9Cuando el hombre se levantó para irse con su concubina y su criado, su suegro, que era el padre de la muchacha, le dijo: «Mira, está a punto de oscurecer y el día ya se termina. Pasa aquí la noche; quédate para pasarla bien. Mañana podrás madrugar y emprender tu camino a casa».
10No queriendo quedarse otra noche, el hombre salió y partió rumbo a Jebús, es decir, Jerusalén, con sus dos asnos ensillados y su concubina.
11Cuando estaban cerca de Jebús, casi de noche, el criado le dijo a su amo:
―Vamos, desviémonos hacia esta ciudad de los jebuseos y pasemos la noche en ella.
12Pero su amo le respondió:
―No. No nos desviaremos para entrar en una ciudad extranjera, cuyo pueblo no sea israelita. Seguiremos hasta Guibeá.
13Luego añadió:
―Ven, tratemos de acercarnos a Guibeá o a Ramá y pasemos la noche en uno de esos lugares.
14Así que siguieron de largo y al ponerse el sol estaban frente a Guibeá de Benjamín.
15Entonces se desviaron para pasar la noche en Guibeá. El hombre fue y se sentó en la plaza de la ciudad, pero nadie les ofreció alojamiento para pasar la noche.
16Aquella noche volvía de trabajar en el campo un anciano de la región montañosa de Efraín, que vivía en Guibeá como forastero, pues los hombres del lugar eran benjamitas.
17Cuando el anciano miró y vio en la plaza de la ciudad al viajero, le preguntó:
―¿A dónde vas? ¿De dónde vienes?
18El viajero le respondió:
―Estamos de paso. Venimos de Belén de Judá y vamos a una zona remota de la región montañosa de Efraín, donde yo vivo. He estado en Belén de Judá y ahora me dirijo a la casa del Señor, pero nadie me ha ofrecido alojamiento.
19Tenemos paja y forraje para nuestros asnos, y también pan y vino para mí y para tu sierva, y para el joven que está conmigo. No nos hace falta nada.
20―En mi casa serás bienvenido —le dijo el anciano—. Yo me encargo de todo lo que necesites. Pero no pases la noche en la plaza.
21Así que lo llevó a su casa y dio de comer a sus asnos y, después de lavarse los pies, comieron y bebieron.
22Mientras pasaban un momento agradable, algunos hombres perversos de la ciudad rodearon la casa. Golpeando la puerta, le gritaban al anciano dueño de la casa:
―¡Saca al hombre que llegó a tu casa! ¡Queremos tener relaciones sexuales con él!
23El dueño de la casa salió y les dijo:
―No, amigos míos, no cometan tal perversidad, pues este hombre es mi huésped. ¡No cometan con él tal infamia!
24Miren, aquí está mi hija, que todavía es virgen, y la concubina de este hombre. Voy a traérselas ahora, para que las abusen y hagan con ellas lo que bien les parezca. Pero con este hombre no cometan tal infamia.
25Aquellos perversos no quisieron hacerle caso, así que el levita tomó a su concubina y la echó a la calle. Los hombres la violaron y la ultrajaron toda la noche, hasta el amanecer; ya en la madrugada la dejaron ir.
26Despuntaba el alba cuando la mujer volvió y se desplomó a la entrada de la casa donde estaba hospedado su marido. Allí se quedó hasta que amaneció.
27Cuando por la mañana su marido se levantó y abrió la puerta de la casa, dispuesto a seguir su camino, vio allí a su concubina, tendida a la entrada de la casa y con las manos en el umbral.
28«¡Levántate, vámonos!», le dijo, pero no obtuvo respuesta. Entonces el hombre la puso sobre su asno y partió hacia su casa.
29Cuando llegó a su casa, tomó un cuchillo y descuartizó a su concubina en doce pedazos, después de lo cual distribuyó los pedazos por todas las regiones de Israel.
30Todo el que veía esto decía: «Nunca se ha visto ni se ha hecho semejante cosa desde el día que los israelitas salieron de la tierra de Egipto. ¡Piensen en esto! ¡Considérenlo y dígannos qué hacer!».
Jueces 20
Los israelitas derrotan a los benjamitas
1Todos los israelitas desde Dan hasta Berseba, incluso los de la tierra de Galaad, salieron como un solo hombre y se reunieron ante el Señor en Mizpa.
2Los jefes de todo el pueblo, es decir, de todas las tribus de Israel, tomaron sus puestos en la asamblea del pueblo de Dios. Eran cuatrocientos mil soldados armados con espadas.
3A su vez, los de la tribu de Benjamín se enteraron de que los israelitas habían subido a Mizpa. Entonces los israelitas le dijeron al levita:
―Cuéntanos cómo sucedió esta infamia.
4El levita, esposo de la mujer asesinada, respondió:
―Mi concubina y yo llegamos a Guibeá de Benjamín para pasar la noche.
5Durante la noche los hombres de Guibeá se levantaron contra mí y rodearon la casa, con la intención de matarme. Luego violaron a mi concubina de tal manera que murió.
6Entonces la tomé, la corté en pedazos y envié un pedazo a cada tribu en el territorio israelita, porque esa gente cometió un acto depravado e infame en Israel.
7Ahora, todos ustedes, israelitas, opinen y tomen una decisión aquí mismo.
8Todo el pueblo se levantó como un solo hombre y dijo:
―¡Ninguno de nosotros volverá a su tienda de campaña! ¡Nadie regresará a su casa!
9Y esto es lo que le haremos ahora a Guibeá: echaremos suertes para ver quiénes subirán contra ella.
10De entre todas las tribus de Israel, tomaremos a diez hombres de cada cien, a cien de cada mil y a mil de cada diez mil, para conseguir provisiones para el ejército. Cuando el ejército llegue a Gueba de Benjamín, les dará su merecido por toda la infamia cometida en Israel.
11Así que todos los israelitas, como un solo hombre, unieron sus fuerzas contra la ciudad.
12Las tribus de Israel enviaron mensajeros por toda la tribu de Benjamín, diciendo: «¿Qué les parece este crimen que se cometió entre ustedes?
13Entreguen ahora a esos hombres perversos de Guibeá para que los matemos y eliminemos así la maldad en Israel».
Pero los de la tribu de Benjamín no quisieron hacerles caso a sus hermanos israelitas.
14Al contrario, gente de todas sus ciudades se reunió en Guibeá para luchar contra los israelitas.
15En aquel día los de Benjamín movilizaron de entre sus ciudades veintiséis mil soldados armados de espada, además de setecientos hombres escogidos de los que vivían en Guibeá.
16Entre todos ellos había setecientos soldados escogidos que eran zurdos, todos ellos capaces de lanzar con la honda una piedra contra un cabello, sin errar.
17Israel, sin contar a Benjamín, movilizó a cuatrocientos mil soldados armados de espada, todos ellos expertos guerreros.
18Los israelitas subieron a Betel y consultaron a Dios. Le preguntaron:
―¿Cuál de nosotros será el primero en combatir a los de la tribu de Benjamín?
El Señor respondió:
―Judá será el primero.
19Los israelitas se levantaron temprano y acamparon frente a Guibeá;
20salieron a luchar contra los de Benjamín, y frente a Guibeá se dispusieron contra ellos en orden de batalla.
21Pero los de Benjamín salieron de Guibeá y abatieron aquel día a veintidós mil israelitas en el campo de batalla.
22Los israelitas se animaron unos a otros y volvieron a presentar batalla donde se habían apostado el primer día,
23pues habían subido a llorar en presencia del Señor hasta el anochecer y le habían consultado:
―¿Debemos subir y volver a luchar contra los de Benjamín, nuestros hermanos?
Y el Señor les había contestado:
―Suban contra ellos.
24Fue así como los israelitas se acercaron a Benjamín el segundo día.
25Los de Benjamín salieron de Guibeá para combatirlos, abatiendo esta vez a dieciocho mil israelitas más, todos ellos armados con espadas.
26Entonces los israelitas, con todo el pueblo, subieron a Betel y allí se sentaron y lloraron en presencia del Señor. Ayunaron aquel día hasta el anochecer y presentaron al Señor holocaustos y sacrificios de comunión.
27Después consultaron al Señor, pues en aquel tiempo estaba allí el arca del pacto de Dios,
28y Finés, hijo de Eleazar y nieto de Aarón, ministraba delante de ella. Preguntaron:
―¿Debemos subir y volver a luchar contra los de Benjamín, nuestros hermanos, o nos retiramos?
El Señor respondió:
―Suban, porque mañana los entregaré en sus manos.
29Israel tendió una emboscada alrededor de Guibeá.
30Al tercer día subieron contra los de Benjamín y se pusieron en orden de batalla contra Guibeá, como lo habían hecho antes.
31Los de Benjamín salieron a su encuentro y se vieron obligados a alejarse de la ciudad. Comenzaron a causar bajas entre los israelitas, como en las ocasiones anteriores, y alcanzaron a matar a unos treinta hombres en el campo abierto, por el camino que lleva a Betel y también por el que lleva a Guibeá.
32Los benjamitas decían: «Los estamos derrotando como antes», pero los israelitas decían: «Huyamos, para que se alejen de la ciudad hasta los caminos».
33De pronto, los israelitas cambiaron de táctica y presentaron batalla en Baal Tamar, y los israelitas que estaban emboscados salieron a atacar al oeste de Gueba.
34Diez mil de los mejores guerreros de Israel lanzaron un ataque frontal contra Gueba, y fue tan intenso el combate que los benjamitas no se dieron cuenta de que la calamidad se les venía encima.
35El Señor derrotó a Benjamín delante de Israel, y aquel día los israelitas mataron a veinticinco mil cien hombres de la tribu de Benjamín, todos ellos armados con espadas.
36Allí los de Benjamín cayeron en la cuenta de que habían sido vencidos.
Los hombres de Israel habían cedido terreno delante de Benjamín, porque confiaban en la emboscada que habían tendido contra Gueba.
37De repente, los hombres que habían estado emboscados asaltaron a Gueba, se desplegaron y mataron a filo de espada a todos los habitantes de la ciudad.
38Los israelitas habían acordado con los que estaban emboscados que, cuando estos levantaran una gran nube de humo desde la ciudad,
39los hombres de Israel volverían a la batalla.
Cuando los de Benjamín comenzaron a causar bajas entre los israelitas, matando a unos treinta, se decían: «¡Los estamos derrotando, como en la primera batalla!».
40Pero, cuando la columna de humo comenzó a levantarse de la ciudad, los de Benjamín se dieron la vuelta y vieron que el fuego de la ciudad entera subía al cielo.
41En ese momento, atacaron los israelitas, y los hombres de Benjamín se aterrorizaron al darse cuenta de que la calamidad se les venía encima.
42Así que huyeron ante los israelitas por el camino del desierto; pero no pudieron escapar de la batalla, pues a los que salían de las ciudades los abatieron allí.
43Rodearon a los de Benjamín; los persiguieron y los aplastaron con facilidad en las inmediaciones de Gueba, hacia el lado oriental.
44Cayeron dieciocho mil de la tribu de Benjamín, todos ellos guerreros valientes.
45Cuando se volvieron y huyeron hacia el desierto, a la peña de Rimón, los israelitas abatieron a cinco mil hombres junto a los caminos. Continuaron persiguiéndolos hasta Guidón y mataron a dos mil más.
46Aquel día cayeron en combate veinticinco mil soldados benjamitas armados con espada, todos ellos guerreros valientes.
47Pero seiscientos hombres se volvieron y huyeron por el desierto hasta la peña de Rimón, donde permanecieron cuatro meses.
48Los israelitas se volvieron contra los de Benjamín y mataron a filo de espada a los habitantes de todas las ciudades, incluso a los animales, y destrozaron todo lo que encontraron a su paso. También les prendieron fuego a todas las ciudades.

Nuevo Testamento

Juan 3:22-4:3
El testimonio de Juan el Bautista
22Después de esto Jesús fue con sus discípulos a la región de Judea. Allí pasó algún tiempo con ellos y bautizaba a la gente.
23También Juan estaba bautizando en Enón, cerca de Salín, porque allí había mucha agua. Así que la gente iba para ser bautizada.
24(Esto sucedió antes de que encarcelaran a Juan).
25Se entabló entonces una discusión entre los discípulos de Juan y un judío en torno a los ritos de purificación.
26Aquellos fueron a ver a Juan y le dijeron:
―Rabí, fíjate, el que estaba contigo al otro lado del Jordán y de quien tú diste testimonio ahora está bautizando, y todos acuden a él.
27―Nadie puede recibir nada a menos que Dios se lo conceda —les respondió Juan—.
28Ustedes me son testigos de que dije: “Yo no soy el Cristo, sino que he sido enviado delante de él”.
29El que se casa con la novia es el novio. Y el amigo del novio, que está a su lado y lo escucha, se llena de alegría cuando oye la voz del novio. Esa es la alegría que me inunda.
30A él le toca crecer y a mí, menguar.
El que viene del cielo
31»El que viene de arriba está por encima de todos; el que es de la tierra es terrenal y de lo terrenal habla. El que viene del cielo está por encima de todos
32y da testimonio de lo que ha visto y oído, pero nadie recibe su testimonio.
33El que lo recibe certifica que Dios es veraz.
34El enviado de Dios comunica el mensaje divino, pues Dios mismo le da su Espíritu sin restricción.
35El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en sus manos.
36El que cree en el Hijo tiene vida eterna; pero el que desobedece al Hijo no sabrá lo que es esa vida, sino que permanecerá bajo el castigo de Dios.
Juan 4
Jesús y la samaritana
1Jesús se enteró de que los fariseos sabían que él estaba ganando y bautizando más discípulos que Juan
2(aunque en realidad no era Jesús quien bautizaba, sino sus discípulos).
3Por eso se fue de Judea y volvió otra vez a Galilea.

Salmos

Salmo 104:24-35
24¡Oh Señor, cuán numerosas son tus obras!
Todas ellas las hiciste con sabiduría.
Rebosa la tierra con todas tus criaturas.
25Allí está el mar, ancho y vasto,
que abunda en animales, grandes y pequeños,
cuyo número es imposible conocer.
26Allí navegan los barcos, y ese Leviatán
que tú creaste para jugar con él.
27Todos ellos esperan de ti
que a su tiempo les des su alimento.
28Tú les das, y ellos recogen;
abres tu mano, y se colman de bienes.
29Si escondes tu rostro,
se aterran;
si les quitas el aliento,
mueren y vuelven al polvo.
30Pero, si envías tu Espíritu,
son creados,
y así renuevas la faz de la tierra.
31Que la gloria del Señor perdure eternamente;
que el Señor se regocije en sus obras.
32Él mira la tierra y la hace temblar;
toca los montes y los hace echar humo.
33¡Cantaré al Señor toda mi vida!
¡Cantaré salmos a mi Dios mientras exista!
34Quiera él agradarse de mi meditación;
yo, por mi parte, me regocijo en el Señor.
35Que desaparezcan de la tierra los pecadores
y que los malvados dejen de existir.
¡Bendice, alma mía, al Señor!
¡Aleluya!

Proverbios

Proverbios 14:22-23
22Pierden el camino los que planean el mal,
pero hallan amor y verdad los que hacen el bien.
23Todo esfuerzo tiene su recompensa,
pero quedarse en las palabras solamente, lleva a la pobreza.

 
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