Biblia en Un Año

 

La Lectura de Hoy

18 de junio de 2026
1 Reyes 19:1-21, Hechos 12:1-23, Salmo 136:1-26, Proverbios 17:14-15

Antiguo Testamento

1 Reyes 19:1-21
1 Reyes 19
Elías huye a Horeb
1Acab le contó a Jezabel todo lo que Elías había hecho y cómo había matado a todos los profetas a filo de espada.
2Entonces Jezabel envió un mensajero a Elías para decirle: «¡Que los dioses me castiguen sin piedad si mañana a esta hora no te he quitado la vida como tú se la quitaste a ellos!».
3Elías se asustó y huyó para ponerse a salvo. Cuando llegó a Berseba de Judá, dejó allí a su criado
4y caminó todo un día por el desierto. Llegó adonde había un arbusto de retama y se sentó a su sombra con ganas de morirse. «¡Estoy harto, Señor! —protestó—. Quítame la vida, pues no soy mejor que mis antepasados».
5Luego se acostó debajo del arbusto y se quedó dormido.
De repente, un ángel lo tocó y le dijo: «Levántate y come».
6Elías miró a su alrededor y vio a su cabecera un panecillo cocido sobre brasas y un jarro de agua. Comió, bebió y volvió a acostarse.
7El ángel del Señor regresó y, tocándolo, le dijo: «Levántate y come, porque te espera un largo viaje».
8Elías se levantó, comió y bebió. Una vez fortalecido por aquella comida, viajó cuarenta días y cuarenta noches hasta que llegó a Horeb, el monte de Dios.
9Allí pasó la noche en una cueva.
El Señor se le aparece a Elías
Más tarde, la palabra del Señor vino a él.
―¿Qué haces aquí, Elías? —le preguntó.
10Él respondió:
―Me consume mi amor por ti, Señor Dios de los Ejércitos. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!
11El Señor le ordenó:
―Sal y preséntate ante mí en la montaña, porque estoy a punto de pasar por allí.
Mientras estaba allí, el Señor pasó y vino un viento recio, tan violento que partió las montañas y destrozó las rocas, pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento hubo un terremoto, pero el Señor tampoco estaba en el terremoto.
12Tras el terremoto vino un fuego, pero el Señor tampoco estaba en el fuego. Y después del fuego vino un suave murmullo.
13Cuando Elías lo oyó, se cubrió el rostro con el manto y, saliendo, se puso a la entrada de la cueva.
Entonces oyó una voz que le dijo:
―¿Qué haces aquí, Elías?
14Él respondió:
―Me consume mi amor por ti, Señor Dios de los Ejércitos. Los israelitas han rechazado tu pacto, han derribado tus altares y a tus profetas los han matado a filo de espada. Yo soy el único que ha quedado con vida, ¡y ahora quieren matarme a mí también!
15El Señor le dijo:
―Regresa por el mismo camino y ve al desierto de Damasco. Cuando llegues allá, unge a Jazael como rey de Aram
16y a Jehú, hijo de Nimsi, como rey de Israel; unge también a Eliseo, hijo de Safat, de Abel Mejolá, para que te suceda como profeta.
17Jehú dará muerte a cualquiera que escape de la espada de Jazael y Eliseo dará muerte a cualquiera que escape de la espada de Jehú.
18Sin embargo, yo preservaré a siete mil israelitas que no se han arrodillado ante Baal ni lo han besado.
El llamamiento de Eliseo
19Elías salió de allí y encontró a Eliseo, hijo de Safat, que estaba arando. Había doce yuntas de bueyes en fila y él mismo conducía la última. Elías pasó junto a Eliseo y arrojó su manto sobre él.
20Entonces Eliseo dejó sus bueyes y corrió tras Elías.
―Permítame despedirme de mi padre y de mi madre con un beso —dijo él—, y luego lo seguiré.
―Anda, ve —respondió Elías—. Yo no te lo voy a impedir.
21Eliseo lo dejó y regresó. Tomó su yunta de bueyes y los sacrificó. Quemó la madera de la yunta, asó la carne y se la dio al pueblo, y ellos comieron. Luego partió para seguir a Elías y se puso a su servicio.

Nuevo Testamento

Hechos 12:1-23
Hechos 12
Pedro escapa milagrosamente de la cárcel
1En ese tiempo el rey Herodes hizo arrestar a algunos de la iglesia con el fin de maltratarlos.
2A Santiago, hermano de Juan, lo mandó matar a espada.
3Al ver que esto agradaba a los judíos, procedió a prender también a Pedro. Esto sucedió durante la fiesta de los Panes sin levadura.
4Después de arrestarlo, lo metió en la cárcel y lo puso bajo la vigilancia de cuatro grupos de cuatro soldados cada uno. Tenía la intención de hacerlo comparecer en juicio público después de la Pascua.
5Pero, mientras mantenían a Pedro en la cárcel, la iglesia oraba constante y fervientemente a Dios por él.
6La misma noche en que Herodes estaba a punto de sacar a Pedro para someterlo a juicio, este dormía entre dos soldados, sujeto con dos cadenas. Unos guardias vigilaban la entrada de la cárcel.
7De repente apareció un ángel del Señor y una luz resplandeció en la celda. Despertó a Pedro con unas palmadas en el costado y le dijo: «¡Date prisa, levántate!». Las cadenas cayeron de las manos de Pedro.
8Le dijo además el ángel: «Vístete y cálzate las sandalias». Así lo hizo y el ángel añadió: «Échate la capa encima y sígueme».
9Pedro salió tras él, pero no sabía si realmente estaba sucediendo lo que el ángel hacía. Le parecía que se trataba de una visión.
10Pasaron por la primera y la segunda guardia y llegaron al portón de hierro que daba a la ciudad. El portón se abrió por sí solo y salieron. Caminaron unas cuadras y de repente el ángel lo dejó solo.
11Entonces Pedro volvió en sí y se dijo: «Ahora estoy completamente seguro de que el Señor ha enviado a su ángel para librarme del poder de Herodes y de todo lo que el pueblo judío esperaba».
12Cuando cayó en la cuenta de esto, fue a casa de María, la madre de Juan, también llamado Marcos, donde muchas personas estaban reunidas orando.
13Llamó a la puerta de la calle y salió a responder una criada llamada Rode.
14Al reconocer la voz de Pedro, se puso tan contenta que volvió corriendo sin abrir.
―¡Pedro está a la puerta! —exclamó.
15―¡Estás loca! —le dijeron.
Ella insistía en que así era, pero los otros decían:
―Debe de ser su ángel.
16Entre tanto, Pedro seguía llamando. Cuando abrieron la puerta y lo vieron, quedaron pasmados.
17Con la mano Pedro les hizo señas de que se callaran y les contó cómo el Señor lo había sacado de la cárcel.
―Cuéntenles esto a Santiago y a los hermanos —les dijo.
Luego salió y se fue a otro lugar.
18Al amanecer se produjo un gran alboroto entre los soldados respecto al paradero de Pedro.
19Herodes hizo averiguaciones, pero, al no encontrarlo, les tomó declaración a los guardias y mandó matarlos. Después viajó de Judea a Cesarea y se quedó allí.
La muerte de Herodes
20Herodes estaba furioso con los de Tiro y de Sidón, pero ellos se pusieron de acuerdo y se presentaron ante él. Habiéndose ganado el favor de Blasto, hombre de confianza del rey, pidieron paz, porque su región dependía del país del rey para obtener sus provisiones.
21El día señalado, Herodes, vestido con su ropaje real y sentado en su trono, le dirigió un discurso al pueblo.
22La gente gritaba: «¡Voz de un dios, no de hombre!».
23Al instante, un ángel del Señor lo hirió porque no le había dado la gloria a Dios, y Herodes murió comido por gusanos.

Salmos

Salmo 136:1-26
Salmo 136
Salmo 136
1Den gracias al Señor, porque él es bueno;
su gran amor perdura para siempre.
2Den gracias al Dios de dioses;
su gran amor perdura para siempre.
3Den gracias al Señor de los señores;
su gran amor perdura para siempre.
4Al único que hace grandes maravillas;
su gran amor perdura para siempre.
5Al que con inteligencia hizo los cielos;
su gran amor perdura para siempre.
6Al que expandió la tierra sobre las aguas;
su gran amor perdura para siempre.
7Al que hizo las grandes lumbreras;
su gran amor perdura para siempre.
8El sol, para gobernar el día;
su gran amor perdura para siempre.
9La luna y las estrellas, para gobernar la noche;
su gran amor perdura para siempre.
10Al que hirió a los primogénitos de Egipto;
su gran amor perdura para siempre.
11Al que sacó de Egipto a Israel;
su gran amor perdura para siempre.
12Con mano poderosa y con brazo extendido;
su gran amor perdura para siempre.
13Al que partió en dos el mar Rojo;
su gran amor perdura para siempre.
14Y por en medio hizo cruzar a Israel;
su gran amor perdura para siempre.
15Pero hundió en el mar Rojo al faraón y a su ejército;
su gran amor perdura para siempre.
16Al que guio a su pueblo por el desierto;
su gran amor perdura para siempre.
17Al que hirió de muerte a grandes reyes;
su gran amor perdura para siempre.
18Al que a reyes poderosos les quitó la vida;
su gran amor perdura para siempre.
19A Sijón, el rey amorreo;
su gran amor perdura para siempre.
20A Og, el rey de Basán;
su gran amor perdura para siempre.
21Cuyas tierras entregó como herencia;
su gran amor perdura para siempre.
22Como herencia para su siervo Israel;
su gran amor perdura para siempre.
23Al que nunca nos olvida, aunque estemos humillados;
su gran amor perdura para siempre.
24Al que nos libró de nuestros adversarios;
su gran amor perdura para siempre.
25Al que alimenta a todo ser viviente;
su gran amor perdura para siempre.
26¡Den gracias al Dios de los cielos!
¡Su gran amor perdura para siempre!

Proverbios

Proverbios 17:14-15
14Iniciar una pelea es romper una represa;
vale más retirarse que comenzarla.
15Absolver al culpable y condenar al inocente
son dos cosas que el Señor aborrece.

 
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