Biblia en Un Año

 

La Lectura de Hoy

17 de junio de 2026
1 Reyes 18:1-46, Hechos 11:1-30, Salmo 135:1-21, Proverbios 17:12-13

Antiguo Testamento

1 Reyes 18:1-46
1 Reyes 18
Elías y Abdías
1Después de un largo tiempo, en el tercer año, la palabra del Señor vino a Elías y le dio este mensaje: «Ve y preséntate ante Acab, que voy a enviar lluvia sobre la tierra».
2Así que Elías se puso en camino para presentarse ante Acab.
En Samaria había mucha hambre.
3Por lo tanto, Acab mandó llamar a Abdías, quien administraba su palacio y era temeroso del Señor.
4Como Jezabel estaba acabando con los profetas del Señor, Abdías había tomado a cien de ellos y los había escondido en dos cuevas, cincuenta en cada una, y les había dado de comer y de beber.
5Acab instruyó a Abdías: «Recorre todo el país en busca de fuentes y ríos. Tal vez encontremos pasto para mantener vivos los caballos y las mulas, y no perdamos nuestras bestias».
6Así que se dividieron la tierra que iban a recorrer: Acab se fue en una dirección y Abdías en la otra.
7Abdías iba por su camino cuando Elías le salió al encuentro. Al reconocerlo, Abdías se postró rostro en tierra y le preguntó:
―Mi señor Elías, ¿de veras es usted?
8―Sí, soy yo —le respondió—. Ve a decirle a tu amo que aquí estoy.
9―¿Qué mal ha hecho este servidor suyo —preguntó Abdías—, para que me entregue a Acab y él me mate?
10Tan cierto como que el Señor su Dios vive, no hay nación ni reino adonde mi amo no haya mandado a buscarlo. Y, a quienes afirmaban que usted no estaba allí, él los hacía jurar que no lo habían encontrado.
11¿Y ahora usted me ordena que vaya a mi amo y le diga que usted está aquí?
12¡Qué sé yo a dónde lo va a llevar el Espíritu del Señor cuando nos separemos! Si voy y le digo a Acab que usted está aquí, y luego él no lo encuentra, ¡me matará! Tenga usted en cuenta que yo, su servidor, he sido temeroso del Señor desde mi juventud.
13¿No le han contado a mi señor lo que hice cuando Jezabel estaba matando a los profetas del Señor? ¡Pues escondí a cien de los profetas del Señor en dos cuevas, cincuenta en cada una, y les di de comer y de beber!
14¡Y ahora usted me ordena que vaya a mi amo y le diga que usted está aquí! ¡De seguro me matará!
15Elías le respondió:
―Tan cierto como que vive el Señor de los Ejércitos, a quien sirvo, te aseguro que hoy me presentaré ante Acab.
Elías en el monte Carmelo
16Abdías fue a buscar a Acab y le informó de lo sucedido, así que este fue al encuentro de Elías
17y, cuando lo vio, le preguntó:
―¿Eres tú el que le está creando problemas a Israel?
18―No soy yo quien le está creando problemas a Israel —respondió Elías—. Quienes se los crean son tú y tu familia, porque han abandonado los mandamientos del Señor y se han ido tras los baales.
19Ahora convoca de todas partes al pueblo de Israel, para que se reúna conmigo en el monte Carmelo con los cuatrocientos cincuenta profetas de Baal y los cuatrocientos profetas de la diosa Aserá que se sientan a la mesa de Jezabel.
20Acab convocó en el monte Carmelo a todos los israelitas y a los profetas.
21Elías se presentó ante el pueblo y dijo:
―¿Hasta cuándo van a seguir indecisos? Si el Dios verdadero es el Señor, deben seguirlo; pero, si es Baal, síganlo a él.
El pueblo no dijo una sola palabra.
22Entonces Elías añadió:
―Yo soy el único que ha quedado de los profetas del Señor; en cambio, Baal cuenta con cuatrocientos cincuenta profetas.
23Tráigannos dos novillos. Que escojan ellos uno, lo descuarticen y pongan los pedazos sobre la leña, pero sin prenderle fuego. Yo prepararé el otro novillo y lo pondré sobre la leña, pero tampoco le prenderé fuego.
24Entonces invocarán ellos el nombre de su dios y yo invocaré el nombre del Señor. El que responda con fuego, ese es el Dios verdadero.
Y todo el pueblo estuvo de acuerdo.
25Entonces Elías les dijo a los profetas de Baal:
―Ya que ustedes son tantos, escojan uno de los novillos y prepárenlo primero. Invoquen luego el nombre de su dios, pero no prendan fuego.
26Los profetas de Baal tomaron el novillo que les dieron y lo prepararon e invocaron el nombre de su dios desde la mañana hasta el mediodía.
―¡Baal, respóndenos! —gritaban, mientras daban brincos alrededor del altar que habían hecho.
Pero no se escuchó nada, pues nadie respondió.
27Al mediodía Elías comenzó a burlarse de ellos:
―¡Griten más fuerte! —les decía—. Seguro que es un dios, pero tal vez esté meditando o esté ocupado o de viaje. ¡A lo mejor se ha quedado dormido y hay que despertarlo!
28Comenzaron entonces a gritar más fuerte y, como era su costumbre, se cortaron con cuchillos y lanzas hasta quedar bañados en sangre.
29Pasó el mediodía y siguieron en este trance profético hasta la hora del sacrificio vespertino. Pero no se escuchó nada, pues nadie respondió ni prestó atención.
30Entonces Elías le dijo a todo el pueblo:
―¡Acérquense a mí!
Así lo hicieron. Y, como estaba en ruinas el altar del Señor, Elías lo reparó.
31Luego recogió doce piedras, una por cada tribu descendiente de Jacob, a quien el Señor le había puesto por nombre Israel.
32Con las piedras construyó un altar en honor del Señor, y alrededor cavó una zanja en que cabían dos seahs de semillas.
33Colocó la leña, descuartizó el novillo, puso los pedazos sobre la leña
34y dijo:
―Llenen de agua cuatro cántaros y vacíenlos sobre el holocausto y la leña.
Luego dijo:
―Vuelvan a hacerlo.
Y así lo hicieron.
―¡Háganlo una vez más! —les ordenó.
Y por tercera vez vaciaron los cántaros.
35El agua corría alrededor del altar hasta llenar la zanja.
36A la hora del sacrificio vespertino, el profeta Elías dio un paso adelante y oró así: «Señor, Dios de Abraham, de Isaac y de Israel, que todos sepan hoy que tú eres Dios en Israel, y que yo soy tu siervo y he hecho todo esto en obediencia a tu palabra.
37¡Respóndeme, Señor, respóndeme, para que esta gente reconozca que tú, Señor, eres Dios y que estás haciendo que su corazón se vuelva a ti!».
38En ese momento, cayó el fuego del Señor y quemó el holocausto, la leña, las piedras y el suelo, y hasta lamió el agua de la zanja.
39Cuando vieron esto, todos se postraron y exclamaron: «¡El Señor es Dios! ¡El Señor es Dios!».
40Luego Elías les ordenó:
―¡Agarren a los profetas de Baal! ¡Que no escape ninguno!
Tan pronto como los agarraron, Elías hizo que los bajaran al arroyo Quisón y allí los ejecutó.
41Entonces Elías le dijo a Acab:
―Anda a tu casa, y come y bebe, porque ya se oye el ruido de un torrentoso aguacero.
42Acab se fue a comer y beber, pero Elías subió a la cumbre del Carmelo, se inclinó hasta el suelo y puso el rostro entre las rodillas.
43―Ve y mira hacia el mar —le ordenó a su criado.
El criado fue, miró y dijo:
―No se ve nada.
Siete veces le ordenó Elías que fuera a ver,
44y la séptima vez el criado le informó:
―Desde el mar viene subiendo una nube. Es tan pequeña como una mano.
Entonces Elías le ordenó:
―Ve y dile a Acab: “Engancha el carro y vete antes de que la lluvia te detenga”.
45Las nubes fueron oscureciendo el cielo; luego se levantó el viento y se desató una fuerte lluvia. Y Acab se fue en su carro hacia Jezrel.
46Entonces el poder del Señor vino sobre Elías, quien se ajustó el manto con el cinturón, se echó a correr y llegó a Jezrel antes que Acab.

Nuevo Testamento

Hechos 11:1-30
Hechos 11
Pedro explica su comportamiento
1Los apóstoles y los hermanos de toda Judea se enteraron de que también los no judíos habían recibido la palabra de Dios.
2Así que cuando Pedro subió a Jerusalén, los creyentes judíos lo criticaron
3diciendo:
―Entraste en casa de hombres incircuncisos y comiste con ellos.
4Entonces Pedro comenzó a explicarles paso a paso lo que había sucedido:
5―Yo estaba orando en la ciudad de Jope y tuve en trance una visión. Vi que del cielo descendía algo parecido a una gran sábana que, suspendida por las cuatro puntas, bajaba hasta donde yo estaba.
6Me fijé en lo que había en ella y vi cuadrúpedos, fieras, reptiles y aves.
7Luego oí una voz que me decía: “Levántate, Pedro, mata y come”.
8Repliqué: “¡De ninguna manera, Señor! Jamás ha entrado en mi boca nada impuro o inmundo”.
9Por segunda vez insistió la voz del cielo: “Lo que Dios ha purificado, tú no lo llames impuro”.
10Esto sucedió tres veces y luego todo volvió a ser llevado al cielo.
11»En aquel momento se presentaron en la casa donde yo estaba tres hombres que desde Cesarea habían sido enviados a verme.
12El Espíritu me dijo que fuera con ellos sin dudar. También fueron conmigo estos seis hermanos, y entramos en la casa de aquel hombre.
13Él nos contó cómo en su casa se le había aparecido un ángel que le dijo: “Manda a alguien a Jope para hacer venir a Simón, también llamado Pedro.
14Él te traerá un mensaje mediante el cual serán salvos tú y toda tu familia”.
15»Cuando comencé a hablarles, el Espíritu Santo descendió sobre ellos tal como al principio descendió sobre nosotros.
16Entonces recordé lo que había dicho el Señor: “Juan bautizó con agua, pero ustedes serán bautizados con el Espíritu Santo”.
17Por tanto, si Dios les ha dado a ellos el mismo don que a nosotros al creer en el Señor Jesucristo, ¿quién soy yo para pensar que puedo estorbar a Dios?
18Al oír esto, se apaciguaron y alabaron a Dios diciendo:
―¡Así que también a los no judíos les ha concedido Dios el arrepentimiento para vida!
La iglesia en Antioquía
19Los que se habían dispersado a causa de la persecución que se desató por el caso de Esteban llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, sin anunciar a nadie el mensaje excepto a los judíos.
20Sin embargo, había entre ellos algunas personas de Chipre y de Cirene que, al llegar a Antioquía, comenzaron a hablarles también a los de habla griega, anunciándoles las buenas noticias acerca del Señor Jesús.
21El poder del Señor estaba con ellos, y un gran número creyó y se convirtió al Señor.
22La noticia de estos sucesos llegó a oídos de la iglesia de Jerusalén y mandaron a Bernabé a Antioquía.
23Cuando él llegó y vio las evidencias de la gracia de Dios, se alegró y animó a todos a hacerse el firme propósito de permanecer fieles al Señor,
24pues era un hombre bueno, lleno del Espíritu Santo y de fe. Un gran número de personas aceptó al Señor.
25Después partió Bernabé para Tarso en busca de Saulo
26y, cuando lo encontró, lo llevó a Antioquía. Durante todo un año se reunieron los dos con la iglesia y enseñaron a mucha gente. Fue en Antioquía donde a los discípulos se les llamó «cristianos» por primera vez.
27Por aquel tiempo unos profetas bajaron de Jerusalén a Antioquía.
28Uno de ellos, llamado Ágabo, se puso de pie y predijo por medio del Espíritu que iba a haber una gran hambre en todo el mundo, lo cual sucedió durante el reinado de Claudio.
29Entonces decidieron que cada uno de los discípulos, según los recursos de cada cual, enviaría ayuda a los creyentes que vivían en Judea.
30Así lo hicieron, mandando su ofrenda a los líderes religiosos por medio de Bernabé y de Saulo.

Salmos

Salmo 135:1-21
Salmo 135
Salmo 135
135:15‑20 – Sal 115:4‑11
1¡Aleluya!
¡Alaben el nombre del Señor!
¡Siervos del Señor, alábenlo,
2ustedes, que permanecen en la casa del Señor,
en los atrios de la casa del Dios nuestro!
3Alaben al Señor, porque el Señor es bueno;
canten salmos a su nombre, porque eso es agradable.
4El Señor escogió a Jacob como suyo,
a Israel como su propiedad exclusiva.
5Yo sé que el Señor, nuestro Soberano,
es más grande que todos los dioses.
6El Señor hace todo lo que quiere
en los cielos y en la tierra,
en los mares y en todos sus abismos.
7Levanta las nubes desde los confines de la tierra;
envía relámpagos con la lluvia
y saca de sus depósitos a los vientos.
8A los primogénitos de Egipto hirió de muerte,
tanto a hombres como a animales.
9En medio de ti, Egipto,
Dios envió señales y maravillas
contra el faraón y todos sus siervos.
10A muchas naciones las hirió de muerte;
a reyes poderosos les quitó la vida:
11a Sijón, el rey amorreo;
a Og, el rey de Basán,
y a todos los reyes de Canaán.
12Entregó sus tierras como herencia,
como herencia para su pueblo Israel.
13Tu nombre, Señor, es eterno;
serás recordado por todas las generaciones.
14Ciertamente el Señor juzgará a su pueblo
y de sus siervos tendrá compasión.
15Los ídolos de las naciones son de plata y oro,
producto de manos humanas.
16Tienen boca, pero no pueden hablar;
ojos, pero no pueden ver;
17tienen oídos, pero no pueden oír;
¡ni siquiera hay aliento en su boca!
18Semejantes a ellos son sus hacedores
y todos los que confían en ellos.
19Pueblo de Israel, bendice al Señor;
familia de Aarón, bendice al Señor;
20familia de Leví, bendice al Señor;
los que temen al Señor, bendíganlo.
21Desde Sion sea bendito el Señor,
el que habita en Jerusalén.
¡Aleluya!

Proverbios

Proverbios 17:12-13
12Más vale toparse con una osa a la que le quitaron los cachorros
que con un necio empecinado en su necedad.
13El mal nunca se apartará
de la familia de aquel que devuelve mal por bien.

 
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