Biblia en Un Año

 

La Lectura de Hoy

1 de febrero de 2026
Éxodo 13:17-15:18, Mateo 21:23-46, Salmo 26:1-12, Proverbios 6:16-19

Antiguo Testamento

Éxodo 13:17-15:18
El paso del mar Rojo
17Cuando el faraón dejó salir a los israelitas, Dios no los llevó por el camino que atraviesa la tierra de los filisteos, que era el más corto, pues pensó: «Si se les presentara batalla, podrían cambiar de idea y regresar a Egipto».
18Por eso les hizo dar un rodeo por el camino del desierto, en dirección al mar Rojo.
19Moisés se llevó consigo los restos de José, según este se lo había pedido a los israelitas bajo juramento. Estas habían sido las palabras de José: «Sin duda Dios vendrá a ayudarlos. Cuando esto ocurra, ustedes deberán llevarse de aquí mis huesos».
20Los israelitas partieron de Sucot y acamparon en Etam, donde comienza el desierto.
21De día, el Señor iba al frente de ellos en una columna de nube para indicarles el camino; de noche, los alumbraba con una columna de fuego. De ese modo, podían viajar de día y de noche.
22Jamás la columna de nube dejaba de guiar al pueblo durante el día ni la columna de fuego durante la noche.
Éxodo 14
1El Señor habló con Moisés y le dijo:
2«Ordénales a los israelitas que regresen y acampen frente a Pi Hajirot, entre Migdol y el mar. Que acampen junto al mar, frente a Baal Zefón.
3El faraón va a pensar: “Los israelitas andan perdidos en esa tierra. ¡El desierto los tiene acorralados!”.
4Yo, por mi parte, endureceré el corazón del faraón para que los persiga. Voy a cubrirme de gloria a costa del faraón y de todo su ejército. ¡Y los egipcios sabrán que yo soy el Señor!».
5Y cuando el rey de Egipto se enteró de que el pueblo se había escapado, tanto él como sus funcionarios cambiaron de parecer en cuanto a los israelitas y dijeron: «Pero ¡qué hemos hecho! ¿Cómo pudimos dejar que se fueran los israelitas y abandonaran su trabajo?».
6Al momento ordenó el faraón que prepararan su carro, tomó su ejército,
7se llevó consigo seiscientos de los mejores carros y todos los demás carros de Egipto, cada uno de ellos bajo el mando de un oficial.
8El Señor endureció el corazón del faraón, rey de Egipto, para que saliera en persecución de los israelitas, los cuales marchaban con aire triunfal.
9Todo el ejército del faraón —caballos, carros, jinetes y tropas de Egipto—, salió tras los israelitas y les dio alcance cuando estos acampaban junto al mar, cerca de Pi Hajirot y frente a Baal Zefón.
10El faraón iba acercándose. Cuando los israelitas se fijaron y vieron a los egipcios pisándoles los talones, sintieron mucho miedo y clamaron al Señor.
11Entonces le reclamaron a Moisés:
12Ya en Egipto te decíamos: “¡Déjanos en paz! ¡Preferimos servir a los egipcios!”. ¡Mejor nos hubiera sido servir a los egipcios que morir en el desierto!
13—No tengan miedo —les respondió Moisés—. Mantengan sus posiciones, que hoy mismo serán testigos de la salvación que el Señor realizará en favor de ustedes. A esos egipcios que hoy ven, ¡jamás volverán a verlos!
14Ustedes quédense quietos, que el Señor presentará batalla por ustedes.
15Pero el Señor dijo a Moisés: «¿Por qué clamas a mí? ¡Ordena a los israelitas que se pongan en marcha!
16Y tú, levanta tu vara, extiende tu brazo sobre el mar y divide las aguas, para que los israelitas lo crucen sobre terreno seco.
17Yo voy a endurecer el corazón de los egipcios, para que los persigan. Voy a cubrirme de gloria a costa del faraón y de su ejército, y de sus carros y jinetes.
18Y cuando me haya cubierto de gloria a costa del faraón, sus carros y jinetes, los egipcios sabrán que yo soy el Señor».
19Entonces el ángel de Dios, que marchaba al frente del ejército israelita, se dio vuelta y fue a situarse detrás de este. Lo mismo sucedió con la columna de nube, que dejó su puesto de vanguardia y se desplazó hacia la retaguardia,
20quedando entre los egipcios y los israelitas. Durante toda la noche, la nube fue oscuridad para unos y luz para otros, así que en toda esa noche no pudieron acercarse los unos a los otros.
21Moisés extendió su brazo sobre el mar, y toda la noche el Señor envió sobre el mar un recio viento del este que lo hizo retroceder, convirtiéndolo en tierra seca. Las aguas del mar se dividieron
22y los israelitas lo cruzaron sobre tierra seca. El mar era para ellos una muralla de agua a la derecha y otra a la izquierda.
23Los egipcios los persiguieron. Todos los caballos y carros del faraón con todos sus jinetes entraron en el mar tras ellos.
24Cuando ya estaba por amanecer, el Señor miró al ejército egipcio desde la columna de fuego y de nube, y sembró la confusión entre ellos:
25hizo que las ruedas de sus carros se atascaran, de modo que se les hacía muy difícil avanzar. Entonces exclamaron los egipcios: «¡Alejémonos de los israelitas, pues el Señor está peleando por ellos y contra nosotros!».
26Entonces el Señor dijo a Moisés: «Extiende tu brazo sobre el mar, para que las aguas se vuelvan contra los egipcios y contra sus carros y jinetes».
27Moisés extendió su brazo sobre el mar y, al despuntar el alba, el agua volvió a su estado normal. Los egipcios, en su huida, se toparon con el mar. Así el Señor los hundió en el fondo del mar.
28Al recobrar las aguas su estado normal, se tragaron a todos los carros y jinetes del faraón, y a todo el ejército que había entrado al mar para perseguir a los israelitas. Ninguno de ellos quedó con vida.
29Los israelitas, sin embargo, cruzaron el mar sobre tierra seca, pues para ellos el mar formó una muralla de agua a la derecha y otra a la izquierda.
30En ese día el Señor salvó a Israel del poder de Egipto. Los israelitas vieron los cadáveres de los egipcios tendidos a la orilla del mar.
31Y al ver los israelitas el gran poder que el Señor había desplegado en contra de los egipcios, temieron al Señor y creyeron en él y en su siervo Moisés.
Éxodo 15
El cántico de Moisés
1Entonces Moisés y los israelitas entonaron un cántico en honor del Señor, que decía:
Cantaré al Señor, que se ha coronado de triunfo
2El Señor es mi fuerza y mi canción;
Él es mi Dios y lo alabaré;
3El Señor es un guerrero;
4Él arrojó al mar
Los mejores oficiales egipcios
5Las aguas profundas se los tragaron;
6Tu diestra, Señor, reveló su gran poder;
7Fue tan grande tu victoria
que derribaste a tus oponentes;
diste rienda suelta a tu ardiente ira
8Bastó un soplo de tu nariz
Las olas se levantaron como un muro;
9«Iré tras ellos y les daré alcance
Repartiré sus despojos
¡Desenvainaré la espada
10Pero con un soplo tuyo se los tragó el mar;
11¿Quién, Señor, se te compara entre los dioses?
Tú, Hacedor de maravillas,
12Extendiste tu brazo derecho,
13Por tu gran amor guías al pueblo que has rescatado;
14Las naciones temblarán al escucharlo;
15Los jefes edomitas se llenarán de terror;
Los cananeos perderán el ánimo,
16pues caerá sobre ellos pavor y espanto.
Por tu gran poder, Señor,
quedarán mudos como piedras
hasta que haya pasado tu pueblo,
17Tú los harás entrar y los plantarás
en el monte que te pertenece;
en el lugar donde tú, Señor, habitas;
18¡El Señor reina por siempre y para siempre!

Nuevo Testamento

Mateo 21:23-46
La autoridad de Jesús puesta en duda
21:23-27 – Mr 11:27-33; Lc 20:1-8
23Jesús entró en el Templo y, mientras enseñaba, se acercaron los jefes de los sacerdotes y los líderes religiosos del pueblo.
24Él respondió:
25El bautismo de Juan, ¿de dónde procedía? ¿Del cielo o de los hombres?
26Pero si decimos “de los hombres”, tememos al pueblo, porque todos consideran que Juan era un profeta».
27Así que respondieron a Jesús:
Parábola de los dos hijos
28»¿Qué les parece? —continuó Jesús—. Había un hombre que tenía dos hijos. Se dirigió al primero y dijo: “Hijo, ve a trabajar hoy en el viñedo”.
29“No quiero”, contestó, pero después se arrepintió y fue.
30Luego, el padre se dirigió al otro hijo y le pidió lo mismo. Este contestó: “Sí, señor”; pero no fue.
31¿Cuál de los dos hizo lo que su padre quería?».
Jesús dijo:
32Porque Juan vino a señalarles el camino de la justicia y no le creyeron, pero los recaudadores de impuestos y las prostitutas sí creyeron en él. Incluso después de ver esto, ustedes no se arrepintieron para creerle.
Parábola de los labradores malvados
21:33-46 – Mr 12:1-12; Lc 20:9-19
33»Escuchen otra parábola: Había un propietario que plantó un viñedo. Lo cercó, cavó un lagar y construyó una torre de vigilancia. Luego arrendó el viñedo a unos labradores y se fue de viaje.
34Cuando se acercó el tiempo de la cosecha, mandó sus siervos a los labradores para recibir de estos lo que le correspondía.
35Los labradores agarraron a esos siervos; golpearon a uno, mataron a otro y apedrearon a un tercero.
36Después mandó otros siervos, en mayor número que la primera vez, y también los maltrataron.
37»Por último mandó a su propio hijo, pensando: “¡A mi hijo sí lo respetarán!”.
38Pero cuando los labradores vieron al hijo, se dijeron unos a otros: “Este es el heredero. Matémoslo para quedarnos con su herencia”.
39Así que le echaron mano, lo arrojaron fuera del viñedo y lo mataron.
40»Ahora bien, cuando vuelva el dueño, ¿qué hará con esos labradores?».
41—Hará que esos malvados tengan un fin miserable —respondieron— y arrendará el viñedo a otros labradores que le darán lo que corresponde cuando llegue el tiempo de la cosecha.
42Les dijo Jesús:
—¿No han leído nunca en las Escrituras:
»“La piedra que desecharon los constructores
Esto ha sido obra del Señor
43»Por eso digo que el reino de Dios se les quitará a ustedes y se le entregará a un pueblo que produzca los frutos del reino.
44El que caiga sobre esta piedra quedará despedazado y, si ella cae sobre alguien, lo hará polvo».
45Cuando los jefes de los sacerdotes y los fariseos oyeron las parábolas de Jesús, se dieron cuenta de que hablaba de ellos.
46Buscaban la manera de arrestarlo, pero temían a la gente, porque esta lo consideraba un profeta.

Salmos

Salmo 26:1-12
Salmo 26
Salmo 26
1Hazme justicia, Señor,
pues he vivido en integridad;
2Examíname, Señor, ¡ponme a prueba!,
3Tu gran amor lo tengo presente
4Yo no convivo con los mentirosos
ni me junto con los hipócritas;
5aborrezco la compañía de los malvados;
6Con manos limpias e inocentes
camino, Señor, en torno a tu altar,
7proclamando en voz alta tu alabanza
8Señor, yo amo la casa donde vives,
9No me quites la vida junto a los pecadores
ni me hagas correr la suerte de los asesinos,
10entre gente que tiene las manos
11Yo, en cambio, vivo en integridad;
12Tengo los pies en terreno firme

Proverbios

Proverbios 6:16-19
16Hay seis cosas que el Señor aborrece
y siete que le son detestables:
17los ojos que se enaltecen,
la lengua que miente,
las manos que derraman sangre inocente,
18el corazón que trama planes perversos,
los pies que corren a hacer lo malo,
19el testigo falso que propaga mentiras

 
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